El primer año de mandato de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff culminó con grandes puntos a favor para su gestión. Rousseff cuenta con una popularidad de 72 por ciento y un índice de aprobación de su gobierno del 56 por ciento, por encima del 51 por ciento que tenía el anterior Jefe de Estado, Luiz Inácio Lula Da Silva (2003- 2011).

La mandataria sumó aplausos dentro de los brasileños por haber destituido a seis ministros por sospechas de corrupción y haber mantenido al país estable ante la crisis económica mundial.
Las estadísticas indican que el 56 por ciento de los brasileños aprueban el desempeño del Gobierno de Rousseff, un 32 por ciento lo considera como “regular” y sólo un 11 por ciento lo reprueba.
Rousseff convirtió a Brasil en uno de los pocos países aún en crecimiento en la actual coyuntura. El crecimiento económico y la reducción del desempleo también ayudan a elevar el índice de aprobación de la gobernante.
Generar empleos y el aumento de las exportaciones también fueron políticas acertadas dentro de su mandato. En el primer año de gestión de Rousseff, Brasil generó 2,3 millones de empleos formales y redujo la tasa de desempleo al 5,2 por ciento en noviembre, su menor nivel en casi una década.
En 2011 el país batió el récord de exportaciones (unos 250 mil millones de dólares), de inversiones extranjeras (cerca de 65 mil millones de dólares) y de nivel de las reservas internacionales, que superan los 350 mil millones de dólares.
Esa condición elevó a Brasil este año a la sexta mayor economía del mundo, por detrás de Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Francia, tras superar al Reino Unido, según un estudio del Centro de Investigaciones en Economía y Negocios (CEBR), de Londres.